domingo, 4 de marzo de 2012

ANOSMIA | Pérdida de olfato

'Siento curiosidad por el olor de las personas'
Marta Tafalla, anósmica de nacimiento.| El Mundo
Marta Tafalla, anósmica de nacimiento.| El Mundo
  • Un 2% de la población es incapaz de apreciar los olores
  • Los sabores de la comida también se alteran con la anosmia
  • Existen muchas causas que pueden originar la pérdida de olfato
Un detector de humos en casa, nada de gas o de salir de la cocina si hay algo en el fuego, mirar con lupa las fechas de caducidad de los alimentos... Éstas son sólo algunas de las precauciones que toma Marta Tafalla en su vida diaria para compensar su falta de olfato. Ella es una de las 250.000 personas que en España sufren anosmia.
El bollo de mandarinas de su madre, el olor de un bebé, el camión de la basura o el aroma a tierra mojada después de una tormenta son absolutamente inodoros para ella desde que nació. Aunque, como confiesa a ELMUNDO.es, la falta de olfato no es algo que le angustie. A diferencia de quienes pierden este sentido a raíz de una infección o un accidente siendo ya adultos, para ella forma parte de su día a día. "Es parte de mi naturaleza", cuenta la autora de 'Nunca sabrás a qué huele Bagdad', un libro en el que relata las vivencias de una periodista con anosmia; una especie de 'alter ego' que le ha permitido sacar fuera todas sus sensaciones. "Me he ahorrado el psicólogo", bromea.
En el caso de esta profesora de Estética de la Universidad Autónoma de Barcelona, la falta de olores se ha convertido sobre todo en una curiosidad intelectual y trata de imaginarlos en forma de colores, "para tener al menos una idea mental". Y confiesa que una de las cosas que más le gustaría poder olfatear es a las personas que le rodean; "he oído hablar tanto del olor de la gente que siento mucha curiosidad, porque para mí las personas no huelen".

Sabores insípidos

Su anosmia congénita supone también una relación peculiar con la comida y con los sabores. "Claro que siento hambre, pero no un placer especial por la comida", explica, "cuando dejas de oler, no es que la comida pierda todo su sabor, sigues notando algunas cosas (como la textura o si es dulce o salado), pero pierdes lo más importante, que es el aroma".
Por eso, cuando elige un plato lo hace pensando sobre todo en términos prácticos, "elijo cosas saludables. Soy vegetariana". Si tuviese que elegir un sabor se queda con el dulce ("por ejemplo, puedo notar el dulce de los helados, pero no distingo si es de vainilla o de canela"); y aunque cocina para ella, sus platos suelen tener poco sabor para el resto. "¡Para qué voy a usar especias si no lo aprecio!".
La relación entre los olores y la comida es algo común también entre quienes pierden el olfato de repente. Así lo describe Chelo, que perdió el olfato hace unos cinco años después de caer inconsciente y golpearse la cabeza: "Los primeros meses perdí el gusto y era horrible porque la comida no me sabía a nada y tenía una sensación de fatiga constante. Era rarísimo, tenía siempre un 'olor-sabor' muy desagradable".
Teresa Garcerán, anósmica desde hace seis años, suple la falta de olores con imaginación. "Soy una gran amante de los tés e infusiones y me deleito con ellos gracias a las informaciones precisas de los amigos (pidiéndoles que me describan los aromas y sabores que tienen); aún siendo consciente que realmente lo que tomo es simplemente una taza de agua caliente".
No es casual que todas ellas sean mujeres, puesto que la anosmia suele ser más habitual en ellas (excepto si está relacionada con pólipos o con la inhalación de compuestos químicos). Además, añade el doctor Toledano, "ellas suelen tener un olfato más fino, por lo que le dan más importancia al problema y suelen buscar ayuda con más frecuencia cuando lo pierden".

Calidad de vida

"Según un estudio que publicamos en la revista 'American Journal of Otolaryngology' sobre calidad de vida, la afectación de los sabores y la relación con la comida es el aspecto que más afecta a los pacientes con anosmia viral [el grupo más numeroso]", explica el doctor Adolfo Toledano, otorrino de la Fundación Hospital Alcorcón y el centro Ruber (ambos en Madrid).
En el mismo estudio se puso de manifiesto que, después del placer por comer, los anósmicos sufren frustración, tristeza o irritación. "Primero, porque sienten que nadie les entiende y, en segundo lugar, porque aún es frecuente que los médicos les digan que no tiene solución", añade el doctor Toledano.
"A lo malo nunca se acostumbra uno", coincide Yolanda, anósmica desde hace 20 años, después de un resfriado. "Empecé con mocos, a sonarme todo el tiempo y dejé de oler. Pero ningún médico me daba solución. Me decían que era rinitis, alergia a no sabían qué... Yo he llegado a estar muy mal, porque te influye un montón en el día a día, en tu relación con los demás". Unas sensaciones negativas que no comparte Tafalla: "supongo que para alguien que sí ha conocido los olores, su pérdida es más traumática. A mí no me angustia; aunque cuanto más leo sobre el tema, más pienso que debe afectar psicológicamente de alguna manera. Pero no sé exactamente qué me estoy perdiendo".
Otra cosa que comparten los anósmicos consultados por ELMUNDO.es es la precaución en la cocina. "Aún así, ni sé cuántas tostadas se me han quemado", bromea Chelo que, como buena sevillana, echa de menos, "sin duda", el olor a azahar. Todas ellas coinciden además en que echan de menos el olor a sus perfumes preferidos; y un día más se han olvidado de ponerse colonia antes de salir de casa. "Aunque a lo mejor puede que me haya puesto dos veces y salga de casa dejando un rastro a mi paso", concluye Teresa con humor.

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