lunes, 9 de diciembre de 2013

“LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO” de Julio Llamazares

     Es la última obra del escritor leonés. En ella Julio nos devuelve el significado de la magnificación de la vida de cada individuo, su secuela en los que nos quieren y su efímero sentido en el universo.  

   El narrador cuenta en primera persona retazos de su vida, sus amores, sus errores, sus trabajos, como si de una larga estancia en la tierra se tratara. Interrumpe sus recuerdos para centrarse en la realidad, en un hijo preadolescente que tendido a sus lado, contempla la lluvia de estrellas fugaces que se producen cada año a principio de agosto. Comprende que él está en un momento de la vida en el que se reflexiona sobre el pasado, mientras su hijo está construyendo el futuro. Comprende pues,  que su estancia en la tierra no es larga, es tan fugaz como las propias Lágrimas de San Lorenzo.

    Con una estructura ingeniosa,  cada estrella, cada fugaz destello es equiparada con la vida de una de las personas que ha conocido, que ha influido en su vida, esta asociación maquiavélica nos devuelve a nuestro sitio, nos despierta la consciencia de la efímera existencia del ser humano. El tiempo es un vector, la vida de cada persona es un espacio insignificante en relación con el tiempo de los astros, que también son finitos en relación con el Tempus Universalis. Llamazares señala Ibiza, el mar, el mismo mar, con un tiempo en menos revoluciones que el de las personas, de forma que por la vida de una isla pasarán millones de vidas de seres humanos y muchas más vidas de pinos, olivos, buganvillas….

    Otra reflexión que podemos apreciar sobre el tiempo es su multiplicidad de significados dependiendo de la etapa de la vida de cada persona. El tiempo no preocupa cuando eres joven, está lleno de ilusiones, de deseos de libertad,  empiezas a ser consciente de él cuando eres adulto y se convierte en dos vasos de agua y un Dry Martini como contara Buñuel al final de sus días. El tiempo es subjetivo, depende de la felicidad, “nos pasamos la mitad de la vida perdiéndolo y la otra mitad intentando recuperarlo”.

    La primera impresión que tuve del libro era que estaba ante una versión del Efecto Rashomon, desarrollado en la película de Kurosawa, donde varias personas, resguardadas bajo una pagoda bajo una lluvia torrencial, cuentan subjetivamente su visión de un asesinato. Según Gardamer es muy común que el lector vaya activamente confirmando su primera impresión a lo largo de su lectura, el círculo que nos reafirma. De esta forma hemos reflexionado sobre el tiempo en relación con otros seres vivos del planeta, en relación con los mares y las tierras, en relación con el universo, sobre las distintas visiones del tiempo desde las distintas etapas de la vida, sobre el recuerdo de los que no están y siguen estando en nosotros, el tiempo visto desde las buganvillas, desde los padres, desde los hijos, desde las madres con hijos desaparecidos, desde los enamorados, los separados, desde el Tiempo.

    Desde luego para mí la novela no lo es tanto, más parece un ensayo sobre el tiempo, si no fuese por el lenguaje poético y las pequeñas historias que nos demuestran la fugacidad de la existencia humano, diría que esta obra es la reflexión de un hombre con todos los conceptos de tiempo.  Si no los hubiera presentado en este especial formato no sería más que otra obra de reflexión que en verdad no aporta nada nuevo después de haber leído a Machado. Eso sí, la portada es un gran acierto.

Soneto de A. Machado


Empañé tu memoria? ¡Cuántas veces!
La vida baja como un ancho río,
y cuando lleva al mar alto navío
va con cieno verdoso y turbias heces
Y más si hubo tormenta en sus orillas,
y él arrastra el botín de la tormenta,
si en su cielo la nube cenicienta
se incendió de centellas amarillas.
Pero aunque fluya hacia la mar ignota,
es la vida también agua de fuente
que de claro venero, gota a gota,
o ruidoso penacho de torrente,
bajo el azul, sobre la piedra brota.
Y allí suena tu nombre ¡eternamente!

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