
Esta novela es el
culmen de la poca vergüenza, me encanta, el autor se tira al abismo del
improperio, desfasa con la historia, los personajes, sus diálogos y
situaciones, absurdas, histriónicas, irónicas y muy, muy divertidas. Me lo he
vuelto a leer y creo que esta vez me he reído aún más, así que he decidido
volver a hacer la peregrinación por las obras del escritor, para darme el gusto
de reírme con las ideaciones de un ser superinteligente.
Wilt es un profesor
de Humanidades en un centro de Educación Profesional: Yeseros, albañiles,
fontaneros… Estos son los alumnos a los que Wilt tiene que culturizar mediante
un programa prefijado, como todos los educativos, con materiales como “El Señor
de las Moscas” de Golding. Aquí Tom Sharpe mete el dedo en el ojo al Sistema,
tanto estudio de la Didáctica y nos esforzamos por hacer insoportable la
Literatura a los alumnos. Me hace recordar a mi marido que estuvo un tiempo
alejado de las letras hasta que me conoció, claro, y le di otra visión, es que
al pobre lo habían traumatizado en el colegio con “Adiós Cordera y otros Cuentos”.
Tanta Psicología Evolutiva y aún no saben adaptarse a los según sus edades y
necesidades.
Sharpe también arremete contra el sistema
policial, con una investigación sobre un asesinato inexistente, incrédulo de las declaraciones del sospechoso
y con un culmen vergonzante cuando montan un macro-operativo para buscar los
cadáveres por todas las empanadillas de una fábrica de productos cárnicos,
cuando Wilt “canta la Traviata”, absurdamente, para que lo dejen dormir, pues
ese era el método de tortura que estaban usando.
No se queda atrás
la crítica a la Iglesia, en este caso Anglicana, con un sacerdote beodo,
desastroso, cobarde, descuidado y martirizado. De todo lo que ve en su entorno
lo que más le molesta es una ristra con globos hechos con preservativos, el
absurdo ha llegado a los impartidores de moral. Es el exceso de moralina lo que
a Sharpe le puede, tanto la que escoge la libertad para mancillarla como el que
coge la moral para ridiculizarla.
Finalmente, el ser
más sensato es el que está al margen de convencionalismos, el que parece inadaptado
a ojos de esa sociedad es, para el lector, el que tiene un comportamiento más
racional. Y de los más disparatados, el moderno matrimonio liberado que se
faltan el respeto y caen incluso en el intento de asesinato, estos, ¿cómo no?,
son americanos, ahí le sale la vena británica al autor.