Muy interesante esta visión de las adiciones desde el punto de vista filosófico, como problema humano a resolver, Marina va buscando los patógenos que hacen que los adictos lo sean, y trabaja sobre vacunas de carácter, que se pueden aprender y se pueden trabajar desde que somos pequeños. Me ha gustado mucho su percepción sobre el placer que tiene mucho que ver con la percepción del placer de Lacan, y lo perdida que está una sociedad en la que el placer y el deseo rigen el comportamiento humano. Me ha recordado mucho a la fórmula de la felicidad cristiana que dice que uno es feliz cuando quiere lo que Dios quiere, o sea, lo que venga , o la frase de San Francisco de Asís: deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco. Muchos adictos, alcohólicos, comedores compulsivos, ludópatas, codependientes, adictos al sexo, a la sustancias químicas, a los medicamentos analgésicos, a las compras... son, somos, unos neuróticos y tienen, tenemos, problemas con aceptar lo que no sean sus, nuestros, deseos, si sus deseos no se cumplen se frustran, se deprimen, no soportan la vida como es, a pelo, y pueden caer en la sustancia o comportamiento adictivo o compulsivo que le haga de analgesia a su terrible frustración. La conformación del carácter para ser un adicto puede tener un componente genético, pero también tiene un componente social, educacional y azaroso, a lo Paul Auster. Me parece un libro interesante si no eres un lector profundo de antropología de sociología psicología y filosofía, si eres un lector voraz de estas materias te darás cuenta de que es un libro bastante superficial, como para que lo entienda el gran público. Este comentario no es malicioso, yo no conocía todas los conceptos que he aprendido en él, pero sí conocía otros muchos por mi carrera de educación social y lecturas que he hecho. También me carga un poco esa manera que tiene Marina de hablar siempre del mismo, y de estar un poco como por encima del bien y del mal como en una posición neutral y positiva políticamente, pero la verdad es que algunas veces se le nota el sesgo. Cuando habla de la igualdad entre los seres humanos, dice que hay una axioma que es: todos los hombres son iguales o hay unos hombres superiores a otros; en realidad, para mí lo que hay es hombres diferentes, y en la diferencia como un valor y no como un reproche social es donde yo encuentro que Marina deja subyacer su ideología. No me molesta que se le vea, lo que me molesta es que me dé lecciones de que no se le ve. Hay algo en lo que no estoy de acuerdo con él, habla de que el deseo y la razón están en lugares diferentes del cerebro y que compiten, y a eso y a otras cosas las llama chapuzas evolutivas. Yo soy creyente, no sé por qué se produce esa contradicción en el ser humano, pero estoy segura de que no es una chapuza, Dios no hace chapuzas, no se equivoca, alguna razón tiene que haber. Muchas personas que hemos trabajado en el tema de las adicciones con nosotros mismos o con otros usuarios, hemos evolucionado como seres humanos y sobre todo espiritualmente trabajando en estos problemas. Si se mira como una manera de aprender y evolucionar quizás no sea tanta chapuza.



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