En verdad, no es
que la obra provoque turbación, el caso es que yo me siento así y es que ante un
libro clasificado, vendido como chick lit, literatura ligera, hecha por chicas
jóvenes, sobre mujeres jóvenes, post-feminista, me he encontrado una lectura,
satírica, cómica, histriónica, desinhibida, inteligente, bien construida, con
personajes de peso, originales, rozando la desvergüenza. Me ha recordado
muchísimo a las sensaciones que tengo cuando leo a Eduardo Mendoza o al
fallecido Tom Sharpe. ¿Os acordáis de "Sin Noticias de Gurb" o "Wilt"?.
Durante doscientas
sesenta páginas, la autora nos va
presentado a su protagonista, un hombre, bastante extraño, ya que la mayoría de
papeles principales en el género mencionado son mujeres, blancas, jóvenes, de
clase media-alta y emancipadas. Mauro, que así se llama, es un treintañero
inmaduro, con amigos de su misma índole, sin anclajes amorosos, rollitos sexuales frecuentes, arropado y controlado
por su familia que se transporta hacia una historia de amor de forma abrupta,
dirigido por accidentes domésticos y de tráfico, meteduras de pata, malos
entendidos y las consecuencias de su principal cualidad, Mauro es un bocazas.
Esta obra no es para conseguir un Nóbel, ni falta que hace, a veces, muchas veces, más de cuatro veces, como la sevillana, lo que necesitamos es tocar el absurdo, olvidarnos de la cutre y trillada realidad para envolvernos en un manto jocoso de sentido del humor. A mí, Mauro me ha hecho reír a carcajadas y su amigo Chesu, caracterizado de homosexual-en-cabalgata-gay, me ha hecho recordar que el “hábito no hace al monje”, que hay muy buenas personas y muy buenos amigos, disfrazados, y sin disfrazar, también gente tóxica, pero esos no me interesan.

Ana E.Venegas