MANIAC, de Benjamín Labatut es una novela basada en hechos reales, con muchísima documentación, con base científica, que he ido comprobando que es cierta, y que no hubiera leído nunca si no me la hubiera recomendado Arturo Pérez Reverte. Cansada de tanto darle vueltas a los mismos temas me puse a buscar una lectura que me la recomendara alguien en el que sí confío para estas cuestiones literarias. Y cuando vi ésta dije, no cuestiones científicas y de física y de bombas atómicas y de computación, y de números infinitos, y de probabilidades en el juego, no, creo que esto no es para mí. Madre de Dios, qué estudió psicológico de los personajes, y qué atrevimiento de la estructura que juega con los puntos de vista, la herencia de Faulkner y de Roberto Bolaños. Son tres historias que tienen un punto de unión en la ciencia, pero sobre todo en la exploración de la mente humana, en la enfermedad mental, la depresión y en los límites de lo racional, junto con la crisis moral y la revolución del pensamiento científico de principios del siglo XX, y los consiguientes avances de la técnica, que siguieron a este radical cambio de paradigma.
El primer protagonista es Paul Ehrenfest, que pudo abarcar en su cerebro lo infinitesimal, y que mató a su hijo y se quitó la vida antes de que los nazis acabaran con la de su hijo que era síndrome de down. Sus aportaciones a la matemática nos enlazan con el siguiente protagonista, el húngaro John von Neumman, genio precoz qué logra salir indemne del horror de la Europa nazi para refugiarse en Estados Unidos, todo lo cómodamente que su incapacidad social le daba. Allí encabezó proyectos como el proyecto Manhattan y otros muchos relacionados con las leyes de probabilidades y los juegos y se torturó a sí mismo por las consecuencias de sus investigaciones. También formó parte del equipo que creó Maniac, la primera computadora de tarjetas perforadas. Esto enlaza con la tercera parte, las computadoras que se enfrentaron a los ganadores mundiales del Go, un juego asiático que reúne a más adeptos que el ajedrez, y que se considera de mayor complejidad. En la actualidad hay computadoras que aprenden ellas solas con solo saber las reglas de los juegos, y son tan buenas que ninguna persona puede ganarles, para esos líderes como Karpov o Kasparov cuya dignidad y su existencia dependía de su habilidad en el juego, estas máquinas son la desesperación, ya nos necesitan a los humanos. Qué buen libro, qué inquietante, cuánto he aprendido, vamos a ir saliéndonos de la charca donde hemos estado, de temas manidos, porque mientras, está sucediendo la vida en este planeta.
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