Mi nombre es Emilia del valle, novela histórica de Isabel Allende. Pues como muchas cosas en mi vida, he leído esta obra para documentarme y saber de qué hablar. Esta vez ha estado motivado por las declaraciones que hizo en 2003 Roberto Bolaños. El insigne escritor chileno, auto inscrito mexicano, dijo que Isabel Allende era una escribidora, no escritora, como una autora de best sellers, y que lo que hacía no era literatura. Yo he leído a Roberto Bolaños y no le quitó su valor, pero a mí no me emociona y me parece muy pesado y como alargando algún cuento de Borges que ya Borges escribió en menos de ocho páginas. Después de leer las críticas que Bolaños le hace a Isabel Allende, me huele a que estuvo muy amargado. Me lo recomendó una ex-amiga que también es una envidiosa patológica y que está igual de amargada, a mí los dos me dan la misma pena, Bolaños y ella. Esta novela histórica me ha enseñado muchísimo sobre la historia de Chile y sobre su guerra de final del siglo XIX, la guerra civil, habla también del perdón, de las tradiciones, unas más irracionales que otras, de la educación para que las mujeres puedan acceder a todo tipo de oficios, como el de periodista, que es el que realiza la protagonista, que viaja de Estados Unidos a Chile para cubrir el conflicto, y de camino, a cerrar una cuenta pendiente con su verdadero padre, un aristócrata venido a menos, golfo y arrepentido. Hay una galería de personajes muy interesantes y con mucha fuerza, y las historias secundarias no duran más de un párrafo, por lo que no se dispersa el lector y continúa el ritmo de la historia. Perfecta prosa, perfecta documentación, muy bien hilado el argumento con la verdadera historia, en fin, que me lo he pasado bien y he aprendido mucho y que pobrecitos Roberto Bolaño y otros envidiosos.

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