UNA LECTORA NADA COMÚN de Alan Bennett, el dramaturgo. Bennett se ayuda de la imagen de la reina de Inglaterra para montar una historia satírica sobre el aislamiento de los monarcas constitucionales y democráticos, su falta de libertad y obligaciones rutinarias, la inconveniencia de realizar ciertas actividades que puedan resultar problemáticas, la obligación de no posicionarse ante conflictos, el sometimiento a los designios de los políticos del momento. Cuando alguien tiene una agenda tan estructurada como un monarca, se ve en la dificultad de tener tiempo para leer, y sobre todo, del contacto con gente que le pueda aconsejar lecturas para conocer el mundo, cómo vive la gente y desarrollar opiniones críticas con lo que sucede en él. Aquí la reina de Inglaterra conoce de manera accidental una biblioteca ambulante que va al Palacio de Buckingham y a un cocinero que lee y le recomienda lecturas que nunca ha hecho por no tener tiempo. Es cuando sus asesores y los políticos que gestionan su opinión y su tiempo se empiezan a preocupar porque la Reina está leyendo, por la lectura que lee y con quien comparte estas lecturas. Al cocinero, que ella convierte en asesor, lo destituyen y entran en pánico cuando ven que la reina no solo lee, sino que además, escribe. El que escribe puede ser muy inconveniente. La reina a sus ochenta años se plantea que ya es tiempo de ser libre. Yo lo recomiendo, es un libro muy corto pero que hace pensar mucho. Y me pongo en el lugar de la reina Letizia, por ejemplo, y veo lo difícil que tiene que ser estar con una cara como si no pasara nada con lo que está ocurriendo en este país, y no poderle decir a los que se le ponen por delante lo que piensa. La reina Letizia también es peligrosa porque lee, un libro es como el ácido nítrico. La reina de Inglaterra, como personaje de esta nouvelle, dice que, cuando abría un libro, era como si abriera las puertas del palacio y entrará al mundo.

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