Anne Brönte era la hermana pequeña de la
familia novelesca de las hermanas Brönte y murió joven. Su peculiar forma de concebir
el mundo desde un punto de vista femenino, la llevó por los caminos inusitados
para la época del estudio, el trabajo como institutriz y la escritura. Esta
novela fue un escándalo en su tiempo, la propia autora tuvo que firmar con un
pseudónimo y hubo detractores en su propia familia por tratar el tema del alcoholismo
que les quedaba tan cercano.
En la discusión, establecieron varios temas
rectores del texto: el alcoholismo, la injusta situación de género, la
maternidad, la religiosidad de la autora y la posibilidad de que una mujer se
procure su propio sustento con su trabajo y realización personal.
Apreciamos sobremanera la calidad narrativa
de la obra, que tocaba la genialidad en el caso de los originales en inglés y
que adolecía de numerosos errores de traducción, especialmente con el uso del
subjuntivo. Pero pese a las picias de edición, la enorme expresividad de las
descripciones nos hizo apreciar paisajes como si de óleos se tratase, retratos
de salón elegantes y detallistas que dan mucho gusto leer con calma.
Fue muy interesante la argumentación sobre
el tempo de la obra ya que en la actualidad sería impensable publicar un libro
con ese ritmo tan lento, que se deleita en las descripciones y en las
circunvalaciones de pensamientos. Hubo incluso quien sugirió que este tipo de
lectura es una buena gimnasia Tai chi de la mente, y alguna socia confesó que
dado el tamaño y la forma, directamente se dejó llevar por esa calma de las
largas tardes del siglo XIX, sin más distracción que una conversación, un buen
libro, una labor de punto y el acontecimiento de un ceremoniosamente té de las
cinco.
En fin, tuvimos una tertulia de gran altura
en la que no por estar todas más o menos de acuerdo no se sintió el debate en
el que se aportaban detalles y la viabilidad de esta obra en estos tiempos.
Quedamos convocadas para el 20 de julio, día en que discutiremos con pasión,
como sabemos hacer, sobre “La rubia de los Ojos Negros” de Benjamin Black, el
alter ego de Jonh Banville.
Ana E.Venegas
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